Heráclito por Luciano De Crescenzo (Historia de la filosofía griega)

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Heráclito
por Luciano De Crescenzo (Historia de la filosofía griega)
«Heráclito era un aristócrata y un intelectual, que es como decir un snob al cuadrado: despreciaba al prójimo y sobre todo a los ignorantes y a los supersticiosos. He aquí une serie de juicios que le son atribuidos:
―«Son muchos los de ínfima clase, pocos los que valen.»
―«La mayoría sólo piensa en saciarse, como una manada de animales.»
―«Los hombres se muestran faltos de entendimiento, ya sea antes de poner el oído o bien después de haber escuchado, y no se dan cuenta de lo que hacen cuando están despiertos, igual que olvidan lo que hicieron cuando estaban durmiendo.»
Se jactaba de que nunca había tenido maestros. Cuando sentía la necesidad de consultar con alguien solía decir: «Esperad un momento que me voy preguntar a mí mismo.» El único sabio al que apreciaba entre sus predecesores era Bías (el de la mayoría de los hombres son malos). Con respecto a los demás sólo tenía palabras de desprecio. «La erudición no enseña a ser inteligente; si así fuera, también serían inteligentes Hesiodo, Pitágoras, Jenófanes y Hecateo.»
Cuando manifestó su renuncia a ser basileus [el cargo sacerdotal más alto de la polis] en favor de su hermano, se fue a jugar a los dados con algunas críos al templo de Artemisa. Ante las protestas de sus paisanos contestó: «¿Por qué os asombráis, oh canalla? ¿No es quizá mejor jugar con los niños que participar con vosotros en el gobierno de esta ciudad?» A pesar de la soberbia conciencia de su valor, no tenía ninguna ambición de poder. Cierta día, Darío, rey de los persas, deseando rodearse de intelectuales, le escribió una larga carta y le invitó a ir a su corte donde, al parecer, le habría cubierto de oro de la cabeza a los pies. Pues bien, otra vez el filósofo se negó a aceptar el «puesto seguro» y respondió que su mente «rehuía la insolente e insaciable ambición, generadora de envidia». Así era el personaje.»

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