El mejor servidor público es el peor por Thomas Frank (The Wrecking Crew)

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El mejor servidor público es el peor
por Thomas Frank (The Wrecking Crew)
En su libro The Wrecking Crew (La cuadrilla de demolición), Thomas Frank defiende la idea de que un desgobierno como el que hemos visto no es ni un accidente, ni el trabajo de unas pocas manzanas podridas. Es la consecuencia del triunfo de una filosofía de gobierno muy particular, de un movimiento que considera al estado liberal como una aberración y al mercado como el estado de gracia ideal para la sociedad humana. Este movimiento es amistoso con la industria, no sólo a fuerza de contribuciones a las campañas electorales, sino por pura convicción.
«“Un Alegato por la Ineficacia en el Gobierno” fue el título de la más concisa expresión de esta doctrina; apareció en 1929 en la páginas del Nation’s Bussines, la revista de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, en forma de entrevista con Homer Ferguson, el ex presidente de esa venerable institución. “El mejor servidor público es el peor”, según las declaraciones de Ferguson.
Un hombre sobresaliente de primer orden en el servicio público es corrosivo. Socava nuestras libertades. Cuanto mejor es y cuanto más tiempo permanece en el cargo, mayor es el peligro. Si además es entusiasta —un loco de mirada inteligente que está desesperado por convertir nuestro gobierno en el mejor del mundo— comparado con él la peste negra es el paraíso”.
Ferguson fue un contratista del Ministerio de defensa, un constructor de barcos para la marina, y si nuestro gobierno llegara a estar compuesto por gente con talento (explicaba a su interlocutor), podría llegar a construir su propios barcos de guerra dejando al pobre Homer sin trabajo.
Tal como se presentaba, era el más cínico de los argumentos, pronunciado desde las más altas esferas de la sabiduría industrial e imposible de malinterpretar. “Si los servidores públicos son y siguen siendo ineficaces, el público se hartará de esa incompetencia y confiará exclusivamente en las empresas y corporaciones”, escribía un lector. “Esto significa menos competencia y más beneficios”. Especialmente para los contratistas en el ámbito de la defensa, cuyo interés en un gobierno de bajo nivel intelectual era tan obvio entonces como ahora.
Durantes los años posteriores al crac de 1929, el país ignoró el alegato de la Cámara a favor de un mal gobierno, inclinándose, al contrario, por usar el gobierno para crear un sociedad más justa.
El asalto [al gobierno] empezó en serio en los primeros días de las administración Reagan, con la Nueva Derecha demandando puestos para los derechistas y protestando cada vez que un republicano moderado recibía un puesto destacado. La politización resultante de las operaciones del gobierno fue sin precedentes, con leales en los puestos y los servidores públicos de carrera marginados. En el verano de 1981, según un informe, el 59 por ciento de los “nombramientos del gobierno” confirmados por el Senado no tenían ninguna experiencia, al igual que el 78 por ciento de los contratados por Reagan en agencias independientes y el 100 por ciento en las agencias regulatorias. La politización fue especialmente importante en una agencia esencial The Office of Management and Budget que empezó a producir ridículas  proyecciones presupuestarias optimistas, afirmando que en el futuro inmediato habría superávit en lugar del déficit récord al que todo el mundo sabía que conducirían las políticas de Reagan.»

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