La sociedad del cansancio por Byung-Chul Han (La sociedad del cansancio)

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La sociedad del cansancio
por Byung-Chul Han (La sociedad del cansancio)
«Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Así, existe una época bacterial que, sin embargo,  toca  a  su  fin  con el descubrimiento de los antibióticos. A pesar del   manifiesto   miedo  a la pandemia gripal, actualmente no vivimos en la época viral. La  hemos   dejado   atrás   gracias   a la técnica inmunológica. El comienzo del siglo XXI,  desde  un punto  de  vista  patológico,  no  sería  ni  bacterial  ni viral,  sino  neuronal.  Las  enfermedades  neuronales como   la   depresión,   el   trastorno  por   déficit  de atención   con   hiperactividad   (TDAH),  el   trastorno límite  de  la  personalidad  (TLP) o el  síndrome  de desgaste ocupacional (SDO) definen  el   panorama patológico  de   comienzos    de    este    siglo.  Estas enfermedades  no  son    infecciones,  son infartos ocasionados no  por la negatividad de lo otro inmunológico,  sino por  un  exceso de positividad. De este modo, se sustraen de cualquier técnica inmunológica destinada a repeler la negatividad de lo extraño.
El siglo pasado era una época inmunológica, mediada por una clara división entre el adentro y el afuera, el amigo y el enemigo 0 entre lo propio y lo extraño. El paradigma inmunológico del siglo pasado estaba, a su vez, dominado por completo por el vocabulario de la guerra fría, es decir, se regía conforme a un verdadero dispositivo militar. Ataque y defensa determinaban el procedimiento inmunológico. Este dispositivo, que se extendía más allá de lo biológico hasta el campo de lo social, 0 sea, a la sociedad en su conjunto, encerraba una ceguera: se repele todo lo que es extraño. El objeto de la resistencia inmunológica es la extrañeza como tal. Aun cuando el extraño no tenga ninguna intención hostil, incluso cuando de él no parta ningún peligro, será eliminado a causa de su otredad. [...]
La sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman ya «sujetos de obediencia», sino «sujetos de rendimiento». Estos sujetos son emprendedores de sí mismos. Aquellos muros de las instituciones disciplinarias, que delimitan el espacio entre lo normal y lo anormal, tienen un efecto arcaico. El análisis de Foucault sobre el poder no es capaz de describir los cambios psíquicos y topológicos que han surgido con la transformación de la sociedad disciplinaria en la de rendimiento. Tampoco el término frecuente «sociedad de control» hace justicia a esa transformación. Aún contiene demasiada negatividad.
La sociedad disciplinaria es una sociedad de la negatividad. La define la negatividad de la prohibición. El verbo modal negativo que la caracteriza es el «no-poder» (Nicht-Dürfen). Incluso al deber (Sollen) le es inherente una negatividad: la de la obligación. La sociedad de rendimiento se desprende progresivamente de la negatividad. Justo la creciente desregularización acaba con ella. La sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder (können) sin límites. Su plural afirmativo y colectivo Yes, we can expresa precisamente su carácter de positividad. Los proyectos, las iniciativas y la motivación reemplazan la prohibición, el mandato y la ley. A la sociedad disciplinaria todavía la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados.»

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