El mito de Prometeo por Shadia Drury (The Political Ideas of Leo Strauss)

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El mito de Prometeo
por Shadia Drury (The Political Ideas of Leo Strauss)
«Strauss cree que los filósofos griegos sabían que el dominio de la naturaleza no puede sustituir al dominio de un mismo. Los antiguos fueron lo suficientemente sabios para prever los riesgos de la civilización Occidental moderna. Strauss estaba convencido de que los antiguos ya conocían esta verdad que nosotros llegamos a conocer con las tragedias del siglo XX, pero a la cual Hobbes fue totalmente ajeno: una civilización comprometida con el dominio tecnológico ilimitado de la naturaleza amenaza la supervivencia del ser humano.  La afirmación de Strauss puede parecer extraña, pero un examen del mito de Prometeo tal y como aparece en el Protágoras de Platón puede dar cierta base a su tesis.
Según Protágoras, hubo un tiempo en el que no había seres mortales. Fue entonces cuando los dioses forjaron las especies mortales. Y cuando las iban a sacar a la luz, les ordenaron a Prometeo y la Epimeteo que las arreglaran y les distribuyeran las capacidades a cada una de una manera conveniente para su supervivencia. Epimeteo le pidió permiso a Prometeo para hacer él la distribución. Acordaron así que Epimeteo haría el reparto y que Prometeo lo inspeccionaría.  Epimeteo garantizó la supervivencia de cada especie dándole  fuerza, velocidad o rapidez. También le dio a cada especie pelo, plumas o gruesas pieles para protegerlas de los elementos. Epimeteo, sin embargo, cometió un grave error. Distribuyó todas las capacidades disponibles a los animales y olvidó las necesidades del hombre.
Cuando Prometeo llegó para inspeccionar el reparto, encontró al hombre «desnudo y descalzo y sin coberturas ni armas». Para salvarlo de una completa aniquilación, Prometeo robó el fuego y el arte de las sabidurías profesionales del hogar de Atenea y Hefesto. De esta manera, el ser humano pudo desarrollar la suficiente cantidad de «habilidad técnica» para sobrevivir. Sin embargo, careciendo de fuerza, los hombres siguieron siendo aniquilados por las fieras puesto que eran más débiles que éstas, y así su supervivencia seguía estando en peligro. Dándose  cuenta de que no podrían ser autosuficientes, los hombres intentaron juntarse en ciudades. Este intento, sin embargo, tampoco tuvo éxito.
Protágoras explica que los hombres se atacaban unos a los otros y eran incapaces de vivir en sociedad «dado que no poseían el arte de la política». Así cuando fue evidente que la técnica por si sola no bastaba para evitar la destrucción de la especie, Zeus decidió darle al ser humano el mayor bien que él podría ofrecer, a saber, el arte de la política.
Temiendo que sucumbiera toda la raza, Zeus envía a Hermes para que les dé a los hombres el sentido del respeto a los otros y de la justicia, para así llevar orden a las ciudades y crear un vínculo de amistad y unión.
El mito enseña la dura verdad de que nuestra sociedad es solamente tan buena como nosotros mismos, y que no hay soluciones fáciles o curas mágicas a los problemas políticos. Habilidad técnica o dominio de la naturaleza no pueden sustituir el dominio sobre uno mismo. Ninguna sociedad puede existir en condiciones de paz, orden y armonía sin individuos justos, o individuos dispuestos a sacrificar sus propios intereses en aras al bien común. Ninguna cantidad de habilidad técnica en las artes o en los oficios pensados para hacer «la vida cómoda» pueden salvarnos de la aniquilación si no somos justos. Strauss no es el único en pensar que los antiguos intuyeron nuestro dilema actual. Interpretando el mito, Werner Jaeger explica que: "la civilización producida por el hombre de Prometeo a través del sometimiento de las elementales fuerzas de la naturaleza era una mera civilización técnica. Resultó en violencia y destrucción y la humanidad estuvo a punto de perecer miserablemente por su propia invención."
En otras palabras, a menos que la capacidad técnica sea dirigida y, además, limitada por el conocimiento del bien, amenaza devorar a sus propios creadores. Este es uno de los temas centrales de la obra de Strauss y la razón de su crítica a la modernidad. Esta última libera la tecnología de cualquiera límite moral o político. El hombre moderno parece tener una fe ilimitada en la tecnología o en el uso de la ciencia para dominar la naturaleza. La pasión desenfrenada por el dominio de la naturaleza nos puso al borde de la aniquilación. La modernidad sigue a Hobbes en la idea de pensar la tecnología como un medio de satisfacción de los apetitos y deseos humanos. Pero este es un proyecto sin fin, apetitos y deseos son por su propia naturaleza insaciables. No es, por tanto, sorprendente que la modernidad se había comprometido con el dominio sin límites del espacio infinito en cuanto tal: por el dominio como un fin en sí mismo. Ya que el ser humano es parte de la naturaleza, el dominio de la naturaleza lleva al dominio del hombre sobre el hombre, y también a la tiranía y a la deshumanización del ser humano. Strauss mantiene que los antiguos sabían esto. Sabían que las invenciones humanas inevitablemente "se convierten en los amos y destructores del ser humano".»

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