1492. El encubrimiento del otro por Enrique Dussel (El encubrimiento del otro)

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1492. El encubrimiento del otro
por Enrique Dussel (El encubrimiento del otro)
«Nos dice una historiadora que estudió la cuestión:
"La historia tradicional presenta la conquista como una hazaña prodigiosa realizada por un puñado de valientes que dominaba casi con sólo su presencia, en nombre de Dios y de Castilla, a millares de seres primitivos y salvajes. Una simple lectura de las Crónicas demuestra el contrario: la oposición fue encarnizada y sistemática a partir del momento en que, pasada la sorpresa y confusión del encuentro, la creencia en la llegada de los supuestos dioses anunciados por la tradición es sustituida por la conciencia de la excesivamente terrenal naturaleza de los invasores. La resistencia es decidida y valiente, suicida a menudo, de aquellos hombres y mujeres [...] que luchan contra las armas de fuego, los caballos, los perros amaestrados cebados en indios, cosa de grande crueldad, que los destrozaban bravamente" (Josefina Oliva de Coll, La resistencia indígena ante la conquista, Siglo XXI, México, 1991, pp. 9-10.)
Terminada la valiente "resistencia" se aceptó con trágica resignación el "fin del mundo". Acontecido lo cual era ahora necesario enfrentar la nueva situación. Se cuenta que "a tres tlamatinime de Ehécatl, de origen tezcocano, los comieron los perros. Ellos venían a entregarse. Nadie los obligó. No más venían trayendo sus papeles con pinturas. Eran cuatro, uno huyó; tres fueron atacados, allá en Coyoacán".
Sólo hoy podemos imaginarnos la humillación, la falta de respeto, la tragedia de aquellos sabios que pretendían entregar a los "invasores", frecuentemente analfabetos, hombres brutales e incultos, lo más preciado de su cultura, de su visión mística de la existencia, como era su tradición. Estas culturas no tuvieron la ventaja de la helenista o romana, que el cristianismo "trabajó" por dentro y sin destruirlas. Las culturas amerindias fueron tronzadas de cuajo.
Por eso, el manuscrito de los Colloquios y Doctrina Christiana guarda un particular valor, porque fue un diálogo histórico: por primera y por última vez los tlamatinime, los pocos que quedaban con vida, pudieron argumentar con tiempo y respeto -relativo, veremos- ante españoles cultos, los doce misioneros franciscanos recién llegados. Era un diálogo entre "la razón del Otro" y el "discurso de la Modernidad" naciente. No había simetría: no era una comunidad de argumentación en situación ideal, ya que unos eran los vencidos, y otros los vencedores.
En aquel momento histórico, los tlamatinime construyeron una pieza estricta del arte retórica ("flor y canto"), plena de belleza y lógica, dividida en seis partes.

Texto con actividades (en gallego)

Acceder al libro en pdf: 1492. El encubrimiento del otro, páginas 126-147.

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