¿Queda todavía en vosotros mucho de chimpancé? por Michel Onfray (Antimanual de filosofía)

¿Queda todavía en vosotros mucho de chimpancé?
por Michel Onfray (Antimanual de filosofía)
«Del mismo modo, el chimpancé y el seductor, en el fondo, se comportan de manera idéntica en las relaciones sexuales. Solo la forma cambia. Así, el mono recurre a la exhibición, muestra sus partes más saludables, sus dientes, grita, danza, se consume en demostraciones que resaltan su valor, pone los ojos como platos, desprende un rotundo olor, se pelea con los machos deseosos de poseer la misma hembra que él, los disuade a través de una mímica agresiva apropiada, etc. ¿Qué hace el donjuán que se viste, se perfuma, se engalana? Utiliza sus indiscutibles encantos (prestancia, coche descapotable, trajes de etiqueta, tarjeta de crédito y, en consecuencia, cuenta bancaria), mira de arriba abajo o desprecia con la mirada a los hombres que podrían pasar por sus rivales, hace regalos (ramos de flores, invitaciones a cenar, joyas, fines de semana amorosos, vacaciones al sol, etc.).
El hombre y el chimpancé se separan radicalmente en cuanto se trata de necesidades espirituales, las únicas que son propias de los hombres y de las que ninguna huella, incluso ínfima, se encuentra en los animales. El mono y el filósofo difícilmente se distinguen por sus necesidades y comportamientos naturales, aunque se separan parcialmente cuando el hombre responde a las necesidades por medio de artificios culturales; en cambio, se distinguen radicalmente por la existencia, en los humanos, de una serie de actividades específicamente intelectuales. El mono ignora las necesidades espirituales: no hay erotismo en las monas, ni gastronomía en los babuinos, tampoco filosofía en los orangutanes, religión en los gorilas, o técnica en los macacos.»

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