La tiranía de la mayoría por Alexis de Tocqueville (La democracia en América)

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La tiranía de la mayoría
por Alexis de Tocqueville (La democracia en América)
Su obra, La democracia en América, está basada en sus viajes por Estados Unidos y es una referencia obligada para entender ese país. Se considera como uno de los defensores históricos del liberalismo y de la democracia. Advirtió contra la tiranía de las mayorías o el abuso del poder popular, la violencia partidista y la subordinación de los más capaces a los prerjuicios de los ignorantes, así como la ausencia de libertad intelectual y la degradación de la administración pública, la educación o las bellas artes.
«No conozco país ningún donde reine, en general, menos independencia de espíritu y de verdadera libertad de discusión que en América.
No hay teoría religiosa o política que no se pueda predicar libremente en los Estados constitucionales de Europa y que no penetre en los otros, pues no hay país en Europa de tal modo sometido a un solo poder, que quien quiera decir la verdad no encuentre en él un apoyo capaz de protegerlo contra los efectos de su independencia. Se tiene la desgracia de vivir bajo un gobierno absoluto, a menudo el pueblo está de su lado, y si habita en un país libre puede refugiarse, en caso necesario, tras la autoridad regia. Pero en el seno de una democracia organizada como en los Estados Unidos no se encuentra más que un único poder, un solo elemento de fuerza y de éxito, y nada fuera de él.
En América la mayoría traza un cerco formidable alrededor del pensamiento. Dentro de esos límites el escritor es libre, pero ¡ay de aquel que se atreva a salir de ellos! No es que tenga que temer un auto de fe, pero está expuesto a disgustos de toda clase y a persecuciones diarias. La carrera política se le cierra, pues ofendió al único poder que tiene la facultad de abrirla. Se le niega todo, hasta la gloria. Antes de publicar sus opiniones, el escritor creía tener partidarios; ahora que se descubrió ante todos, le parece no tener ninguno, pues aquellos que lo condenan se manifiestan en voz alta, y los que piensan como él, no teniendo su coraje, se callan y se alejan. El escritor cede, se doblega por último bajo el esfuerzo diario, y vuelve al silencio, como si se sintiera arrepentido de haber dicho la verdad.»

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